Entre frigidez y espontaneidad: Copywritting para páginas web

 

En esta ocasión desde la Oficina de Marketing, tus expertos en diseño de páginas web en Hospitalet te traemos un fragmento del libro “Un tranvía llamado texto”, adaptado y traducido para que llegue a todos. Cuenta con nuestro equipo si quieres a un equipo profesional para el copywritting para páginas web. Ahí va:

 

Justamente todas las librerías

estaban entonces -y me temo que lo siguen estando- inundadas de obras didácticas sobre escritura, redacción, expresión escrita, etc.

La mayoría de estos libros hacen hincapié en la eficacia y rehúyen sistemáticamente el ámbito de la literatura. Es decir, no sólo ignoran las reglas clásicas sobre escritura de textos sino que no incorporan ninguna de las numerosas experiencias de los escritores de ficción sobre el oficio o el arte de escribir.

Por regla general

estos libros de pretensiones didácticas sostienen que todas las técnicas de escritura se pueden aprender, y consideran -explícitamente o no- que la literatura es un mundo aparte, generalmente incomprensible o, más propiamente, inútil.

Los ejemplos prácticos que proponen estos libros están en consonancia con su renuncia a la literatura: son áridos, inamovibles, de un convencionalismo cargante. Se basan en la creencia de que escribir se acerca más a un proceso productivo que a una diversión.

Los autores y usuarios de estos cursos de redacción parecen creer que sólo sufriendo se puede aprender a escribir: aplicando reglas de un detalle exagerado, multiplicando innecesariamente la terminología, simplificando el abanico de caminos que me llevan al texto, reescribiendo incansablemente textos mediocres, analizando hasta la nausea frases sin ton ni son, ofreciendo una visión empobrecedoramente tecnológica de la escritura y, en definitiva, confundiendo la efectividad con la falta de estilo.

Si escribir es una técnica,

vienen a decir estos libros, el mejor profesor es el especialista, es decir, lo que ha leído más libros sobre la escritura o, aún mejor, quién ha convertido sus conocimientos teóricos en una tesis doctoral. Se sobreentiende la noción de que quien ha sufrido más aprendiendo las técnicas está más capacitado para hacerlas aprender sufriendo.

En contrapartida,

también existen talleres literarios en forma de escuelas de letras, cursos intensivos o semestrales, fascículos, etc. Por regla general, las técnicas de creatividad que vehiculan no aspiran a ningún valor de cambio, ya que se colocan al servicio de la literatura entendida como el arte por el arte. Escribir se convierte, entonces, en una pasión estéril. El puente que une la literatura y la redacción -el puente del placer y la eficacia- está atado por las dos bandas.

De todos los libros que maltratan al lector,

que consideran la escritura como una materia fría y abstrusa, el peor que ha caído en mis manos se titula La ciencia del texto, de Teun A. van Dijk.

Entre los que predican el anarquía compositiva, el sálvese-quien-pueda más disoluto, se puede segmentar «El gozo de escribir», de Natalie Goldberg. De los más seductores destacaría «El placer del texto», de Roland Barthes, fruto de una inspiración que no excluye el sentido común. La ciencia, el gozo y el placer son los tres ángulos en medio de los cuales se mueve el texto. Entre la frigidez de la ciencia y la espontaneidad sin límites se encuentra la sensualidad del texto, la fecunda sinergia entre orden y creación.

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